Mike Leigh presentó Tender Loving Care en la Sección Oficial del Festival de San Sebastián. La película británica dura 107 minutos y reúne a Marion Bailey, Paul Jesson, Kate O’Flynn y Alice Bailey Johnson. Después de su paso por Telluride y Toronto, llega a Donostia acompañada por una pregunta que excede la competencia: ¿estamos ante la última obra de su director?
Leigh, de 83 años, ha dicho que es muy probable. La enfermedad que padece vuelve difícil afrontar otro rodaje. Conviene respetar sus propias palabras: no ha anunciado una fecha de retiro definitiva. La posibilidad de una despedida atraviesa, sin embargo, la recepción de una película centrada precisamente en el cuidado de otras personas.
Las primeras lecturas
La historia sigue a Rosie y Amy, dos trabajadoras sociales que comparten tiempo y sostén mutuo mientras enfrentan las exigencias de su trabajo y sus vidas familiares. Violeta Kovacsics, en Otros Cines, encuentra un movimiento entre la sonrisa y la tristeza; destaca el uso del primer plano y observa que el deterioro de los servicios públicos se filtra en las conversaciones íntimas, sin dominar a los personajes.
Screen Daily subraya la atención de Leigh a las vidas emocionales de personas que raramente ocupan el centro del cine. Brian Tallerico, en RogerEbert.com, destaca la emoción de esta historia de afectos cotidianos. Es una recepción temprana favorable; la película seguirá encontrando lecturas a medida que circule fuera de los festivales.
Un director que escucha antes de filmar
Desde Bleak Moments hasta Hard Truths, Leigh construyó un cine atento al roce entre las personas y a las condiciones materiales en que viven. Naked expuso una violencia verbal y social difícil de olvidar; Secretos y mentiras convirtió una reunión familiar en un terreno de revelaciones; El secreto de Vera Drake situó el afecto y la ley frente a frente; Otro año observó cómo la compañía y la soledad pueden compartir una mesa.
Su método suele resumirse con la palabra «improvisación», aunque esa etiqueta puede engañar. Leigh desarrolla los personajes con los actores durante largos períodos de investigación y ensayo. Las escenas que llegan a la cámara son el resultado de ese trabajo previo, no ocurrencias libradas al azar. Esa preparación permite que un gesto incómodo, una pausa o una frase mal elegida expresen una historia entera.
Si Tender Loving Care termina siendo su última película, la coincidencia entre tema y trayectoria tendrá una fuerza particular. Pero también puede mirarse sin la solemnidad de un testamento. Las primeras reseñas describen una película interesada en quién cuida, quién necesita ayuda y qué sucede cuando las instituciones dejan esa tarea en manos de vínculos frágiles. Son preguntas que el cine de Leigh viene haciendo, de distintas maneras, desde hace décadas.