El documental Pulp: A Film About Life, Death & Supermarkets (2014), de Florian Habicht, toma como punto de partida el regreso de Pulp a Sheffield. En lugar de organizar una cronología de discos y conciertos, sale a buscar las personas y los lugares con los que la música ha convivido.

Allí está Jarvis Cocker, con una presencia que podría absorber cualquier retrato de la banda. Pero el film abre el plano a la ciudad. El público deja de ser la multitud anónima que grita frente a un escenario: aparecen rostros, edades y relatos que le devuelven a las canciones su vínculo con una experiencia social.

Escuchar el lugar

Ese movimiento es el hallazgo de la película. Sheffield no funciona como decorado sentimental para una despedida musical. Sus calles y sus habitantes discuten, a su manera, qué significa volver al sitio de origen y qué queda de una comunidad cuando el tiempo transforma sus trabajos y sus espacios.

La banda sonora tiene aquí un papel particular: no ilustra las entrevistas, sino que permite escuchar de otra forma lo que esas entrevistas cuentan. Una canción puede hablar de deseo o de clase; la cámara encuentra a quienes llevan esas palabras a la vida diaria. El documental hace algo que el videoclip rara vez puede sostener: dejar que la música se mezcle con voces que no pertenecen a la banda.