En Romeo y Ofelia, Gustavo Postiglione reúne personajes y conflictos de distintas tragedias de Shakespeare y los traslada a una Rosario atravesada por disputas territoriales, negocios clandestinos y ambiciones políticas. Esa operación tiene una identidad cinematográfica precisa. La cámara sigue a los personajes durante extensos planos secuencia; los actores atraviesan espacios y situaciones sin que el montaje recomponga después el tiempo de cada escena. La representación queda expuesta y, con ella, el riesgo de hacerla suceder.
No es un procedimiento aislado en la filmografía de Postiglione. El director ha vuelto sobre la duración, el trabajo de los intérpretes y los cruces entre cine y teatro. Aquí esa búsqueda se une a un relato de amor y violencia. Shakespeare ofrece una estructura reconocible; Rosario le da cuerpos, disputas y un presente.
Una recepción atenta a la puesta
Las críticas aparecidas desde el estreno permiten leer distintos aspectos de esa apuesta. Ricardo De Luca, en Cine Argentino Hoy, la considera “una de las propuestas más valientes, rigurosas y estéticamente estimulantes del cine argentino reciente”. Su reseña presta especial atención a la puesta en escena y a los espacios como parte de la tensión dramática. Maximiliano Curcio, en Cine Freaks, encuentra un “bello y tempestuoso drama” y observa que el plano secuencia compromete por igual a intérpretes y cámara: movimientos y pausas permanecen en la experiencia de la toma.
Jorge Bernárdez propone otra entrada desde Reencuadre. Define la película como “una aventura estética que desafía al espectador” y señala el modo en que la música y el desplazamiento de la cámara se integran al relato. En Tiempo Argentino, Belauza se detiene en el atrevimiento y la vitalidad de una obra que recupera la libertad de probar nuevas formas.
La ciudad en disputa
Rosario ocupa un lugar decisivo en las lecturas de Página/12. En Rosario/12, Leandro Arteaga sitúa el encuentro entre Shakespeare, el plano secuencia y una ciudad tan próxima como violenta y fantástica. Gloria Liñán dedicó también a la película el texto de opinión “Algunas ideas sobre Romeo y Ofelia”. Ambas publicaciones suman perspectivas desde la ciudad donde la obra fue concebida.
Desde la sección Cultura de Página/12, Ezequiel Boetti observa cómo la familia, la lealtad, el amor y la traición adquieren una dimensión cercana entre barrabravas, disputas territoriales y política. Su lectura se detiene en el modo en que la película trabaja esos temas sin convertirlos en explicaciones para el espectador.
Estas notas no dicen todas lo mismo, y allí reside su interés. Unas atienden a la relación entre los cuerpos y la cámara; otras, a la manera en que Shakespeare cambia al pasar por Rosario. En conjunto, describen una recepción favorable y una película que invita a discutir su forma, además de su historia. Dentro de una trayectoria extensa, Romeo y Ofelia muestra la persistencia de una búsqueda: encontrar una dificultad nueva para seguir filmando.
Recorrido por críticas y artículos enlazados en el texto. No sustituye la lectura de las reseñas originales.
