El 3 de septiembre llegó a las salas Pepita, la pistolera, de Lucía Puenzo. El 10 se estrenó Romeo y Ofelia, de Gustavo Postiglione. Separadas por una semana, una reconstruye un personaje real del hampa marplatense en los años ochenta; la otra traslada conflictos de Shakespeare a una Rosario contemporánea. Su proximidad en cartelera invita a mirar un territorio común: las mujeres que se mueven entre pactos de lealtad, negocios y estructuras de poder dominadas por hombres.
La película de Puenzo sigue a Margarita Di Tullio, encarnada por Luisana Lopilato, antes y durante la construcción pública de la figura llamada «Pepita la pistolera». La historia se sitúa en Mar del Plata y, según su presentación, pone en juego la violencia del delito, la explotación y la relación con las instituciones. En Romeo y Ofelia, el universo familiar, político y territorial de Rosario recibe personajes y tensiones nacidos de Romeo y Julieta, Hamlet y otras tragedias.
La ciudad como trama
Mar del Plata y Rosario no funcionan simplemente como nombres en el mapa. En ambos relatos, los espacios organizan relaciones: quién controla una zona, quién protege a quién, a qué precio se puede salir de un mandato. En un caso interviene el peso de una figura histórica y del mito policial; en el otro, la libertad de adaptar un material teatral para preguntar por el poder presente.
Ese punto de contacto no vuelve equivalentes a las protagonistas. Pepita actúa dentro de una historia marcada por una persona y hechos reales, aunque el cine los transforme. Ofelia pertenece a una operación de ficción y reescritura. Compararlas sirve, más bien, para observar cómo cada película imagina el margen de acción de una mujer cuando los acuerdos que gobiernan su entorno ya estaban escritos por otros.
Dos caminos de puesta
La crítica de Diego Lerer sobre Pepita, la pistolera observa un melodrama oscuro, concentrado en un período de la vida de Di Tullio y alejado de la biografía total. Las reseñas de Romeo y Ofelia subrayan otra clase de riesgo: el plano secuencia, la duración y el trabajo de los actores dentro de la toma. Son decisiones formales diferentes para entrar en mundos donde la violencia parece organizar lo cotidiano.
La coincidencia de estrenos no necesita convertirse en una competencia entre películas. Permite hacer una pregunta más fértil: qué clase de historia criminal y afectiva puede contar el cine argentino cuando filma sus ciudades desde formas tan distintas.

