El palmarés de la 74.ª edición del Festival de San Sebastián distinguió con la Concha de Oro a Tender Loving Care, de Mike Leigh. El reconocimiento no llegó solo: Leigh recibió también el Premio del Jurado al mejor guion, mientras que Kate O’Flynn obtuvo, junto con Asta Kamma August por Growth of the Soil, la Concha de Plata a la mejor interpretación protagonista. Tres galardones para una película que pone el cuidado en el centro de la escena y pregunta qué ocurre cuando los vínculos personales deben hacerse cargo de aquello que las instituciones dejan de sostener.
Sería fácil leer este triunfo como un homenaje al director. Leigh dijo durante el festival que, por razones de salud, es muy probable que no vuelva a rodar. Pero la elección del jurado importa también por el presente de la película: el reconocimiento al guion y a su actriz protagonista señala la escritura de las relaciones y el trabajo de interpretación que dan vida a esa pregunta. La Concha de Oro distingue una obra nueva, no únicamente una carrera.
Una despedida que no clausura la conversación
Tender Loving Care sigue a dos trabajadoras sociales en Londres. En torno a sus jornadas, Leigh observa las maneras en que la necesidad de asistencia se distribuye de forma desigual: quién puede pedir ayuda, quién está en condiciones de ofrecerla y cuánto cuesta mantener una vida propia mientras se cuida a otros. El conflicto político se vuelve tangible en la duración de una visita, la conversación en una cocina y el cansancio que llega a casa después del trabajo.
Ese interés por el roce entre el afecto y las condiciones materiales recorre buena parte de su cine. En Secretos y mentiras, el encuentro familiar se convertía en un territorio de revelaciones; en El secreto de Vera Drake, la intimidad quedaba expuesta a la ley; en Otro año, las diferencias entre compañía y soledad se hacían visibles alrededor de una mesa. Leigh nunca necesitó héroes ejemplares para hablar de justicia. Sus personajes se contradicen, pierden la paciencia, hacen daño y aun así necesitan de otros.
El premio vuelve a colocar esa forma de hacer cine en el centro de un festival. Al mismo tiempo, la posible despedida del realizador no obliga a leer cada escena como un testamento. La película puede sostener su propia pregunta sin quedar atrapada en la biografía de su autor. Para una lectura más amplia de su trayectoria y de las primeras críticas, el recorrido ya publicado en este sitio conserva ese contexto.
El público también elige NAZA
El palmarés dejó otra noticia decisiva: NAZA, de Yuval Abraham y Rachel Szor, recibió el Premio del Público Ciudad de Donostia / San Sebastián a la mejor película europea. Producido por The Guardian, el documental investiga los procedimientos y decisiones detrás de los ataques israelíes que causan muertes de civiles palestinos en Gaza. Había llegado al festival después de obtener el Premio Especial del Jurado en Venecia.
El premio del público no resuelve por sí mismo el debate sobre los métodos y los testimonios que reúne el film. Indica, sin embargo, que sus imágenes y sus preguntas encontraron espectadores dispuestos a enfrentarlas. En una edición con películas de procedencias y sensibilidades muy distintas, la coincidencia entre el reconocimiento a Leigh y el recibido por NAZA permite pensar dos formas de interrogar la responsabilidad: la atención cotidiana a quienes necesitan cuidados y la investigación de una maquinaria de guerra que convierte esas vidas en cifras. Nuestra nota sobre NAZA examina en detalle esa investigación.
Más allá de la Concha de Oro
El jurado oficial otorgó su Premio Especial a Border, de Ah Biao, y la Concha de Plata a la dirección a Amanda Kernell por Brace Your Heart. Entre los otros premios del festival, La bola negra, de Javier Calvo y Javier Ambrossi, obtuvo el Premio del Público Ciudad de Donostia / San Sebastián; y La ilusión de un verano sin fin, coproducción argentina y estadounidense de Alessandra Sanguinetti, recibió el premio Horizontes Make & Mark y el Premio Dama de la Juventud.
Un palmarés admite muchas lecturas, pero conviene empezar por los nombres y sus películas. San Sebastián termina con una Concha de Oro para Leigh y con un reconocimiento del público a una investigación sobre Gaza. Son decisiones distintas, tomadas por jurado y espectadores, que abren discusiones capaces de continuar después de los aplausos de la clausura.
